Parece que fue ayer cuando celebramos los 40 años de nuestra Constitución. Nos creíamos un país adulto y maduro: desarrollado, libre y que se lo sabía todo. Y ahora parece que atravesamos una adolescencia tardía; es como si, de pronto, nuestras seguridades se hubieran tambaleado: nos hemos dado cuenta de que somos libres hasta que la Naturaleza dice lo contrario; de que nuestros “mandamases” no tienen la solución de todo, sino que aciertan, fallan, tienen sus debilidades… y hasta nos decepcionan.
Vivimos en un país que, además de playa, sol y construcciones, tiene buenas universidades, últimas tecnologías y profesionales bien formados… Por eso me cuesta entender este periodo de prácticas continuo.
Cuando parecía que ya habíamos entrado de lleno en la era online, en la que nos hemos acostumbrado a hacer ciertas gestiones administrativas por internet… Resulta que el teletrabajo es un “sí pero no”; como la enseñanza presencial o la enseñanza online – ¿por qué no las dos?-. Los contratos de trabajo son cada vez menos, como los sueldos para llegar a fin de mes. Y nos tememos que, así las cosas, las deudas sean cada vez más…
Por eso, ahora que nos hemos tapado la nariz y la boca con la mascarilla, sólo pido a quien corresponda que no cierre los ojos, ni pase la “patata caliente” a quien no tiene su misma autoridad. Para superar esta adolescencia necesitamos ver que nuestros mayores saben de qué hablan, se entienden entre ellos y deciden con un porqué, que es el de hacernos evolucionar a todos, y que todos vivamos con salud y mejor.


Totalmente de acuerdo. Yo quisiera que mis hijas pudieran estudiar online pero no nos ponen medios.