Llegó el momento de guardar los adornos de Navidad y mis hijos no se ponían de acuerdo. Al mayor, de 10 años, le daba mucha pena retirar el árbol, las luces, el Belén… Pero el pequeño, de 4 años, era tajante: “Hemmano, hay que quitallo todo, poque ya no es Navidad, ¿a qué no, mamá?”
Sinceramente, me sorprendió. A pesar de las circunstancias especiales de este año, me había parecido que se lo habían pasado bien, jugando mucho entre ellos y cantando villancicos. Y había oído a los dos lamentarse cuando acabó el Día de Reyes. Por eso, ahora yo no entendía muy bien la prisa del pequeño por recogerlo todo.
“Lo que pasa es que no le gusta el Belén”, me dijo el mayor. ¿Y por qué? Le pregunté. La explicación del niño, con el vocabulario y las frases sencillas propias de sus 4 años, me lo dejaron claro: “Poque no me gutta que ezté el bebé Jesús entre pajas, quieo guaddadlo en una cuna”.
Sinceramente, no me esperaba esta respuesta. Pero me gustó. Ojalá todos fuéramos capaces de mirar a nuestro alrededor con afecto, abrir bien los ojos para comprenderlo todo, y solidarizarnos con los demás. No puedo estar más de acuerdo con el célebre dramaturgo español Jacinto Benavente: “En cada niño nace la humanidad”.

