Y EL GUANTE CAYÓ DE LA PUERTA…

Un guante en la puerta

-Papá ya se ha curado, hermano. El guante ya no está en la puerta.

Nunca dejará de sorprenderme la capacidad de observación que me demuestran los niños, especialmente cuando creo que ni se están fijando. En las tres semanas que permaneció mi marido aislado en la habitación mientras se recuperaba del Covid no me había parado a pensar en el significado que ese guante de vinilo, colgado en el pomo de la puerta, podía tener para los niños.

Por eso, cuando oí a mi hijo pequeño, de 3 años, anunciarle a su hermano, de 9, la recuperación de su padre me costó reaccionar.

-Sí, papá ya sale hoy de la habitación, en cuanto la limpiemos.  

Ya ha pasado un año. Y aquel guante en la puerta se ha convertido en un símbolo para nosotros.

Tener a un ser querido enfermo, con fiebre, tosiendo… En casa, tan cerca; pero detrás de una puerta, tan lejos… Sin poder tocarle, darle la mano, velar su sueño.

Una experiencia que solo entiende quien la ha pasado; y a veces, ni eso. Porque, para digerirla, y después  contarla, primero hace falta tomar perspectiva, sentir lo sucedido como algo ajeno. Oírselo contar a un narrador omnisciente, y hacer como ese náufrago que se zambulle en el mar, da unas cuantas brazadas, se da la vuelta, mira a su isla y grita: “¡Tierra!”. Y entiende que tiene un lugar al que volver, donde se puede sentir seguro, y regresa con más ganas de hacer fuego, y pescar, con la esperanza de dejar de sentirse un náufrago.

Así surgió nuestro pequeño relato familiar Un guante en la puerta.

Aprovecho para agradecer el enorme interés y cariño con el que lo acogieron quienes conocieron su existencia cuando este relato era aún más pequeño. A Paco y Fernando, que después de tantos años me han demostrado una vez más que no es lo mismo ser profesor que MAESTRO. A Estíbaliz y Reyes, que supieron sacarnos una sonrisa; a Kontxi y Joseba, que con tanta generosidad compartieron su tiempo, cuando parecía que aquel no pasaba nunca; a Regina, a Peio… Y, por supuesto, a nuestra familia y amigos “online”, con los que hemos aprendido a adaptarnos a esta nueva normalidad.

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