SACUDIDOS POR EL VIENTO

En casa no es que hayamos cerrado las puertas al Covid-19, sino que hemos tenido que echarle. Uno de nuestros miembros cayó enfermo, tuvo que aislarse en una habitación, y el resto tampoco pudimos salir de casa durante el periodo que duró la cuarentena.

¿Cómo se vive la situación? No se vive, se sobrevive, se sobrelleva, porque hay momentos en que todo te “sobresupera”. Y, aunque pueda parecer injusta y pecar de ingratitud, no te valen los consejos de los que no pasan por lo mismo. Porque es una nueva forma de tratar una enfermedad, en forma de matrioshka rusa (esas muñecas que se meten unas dentro de otras): el enfermo queda aislado dentro de una habitación; su familia, dentro de la casa; los vecinos, en el pueblo; los pueblos en sus provincias…

Y llega un momento en que oyes que te mandan ánimos, que te dicen que ya falta menos, que al final todos nos vamos a contagiar y a inmunizar, que no debes caer en el “síndrome de la cabaña”… Y dejas de escuchar. Porque al final buscas el silencio de quien ha vivido lo mismo y sabe que no hacen falta palabras, sino comprensión y actos responsables.

Por eso, desde estas líneas, quiero dirigirme, con el silencio que permite la escritura, a quien le haga falta saber que no está solo. Un proverbio hindú dice que “no hay árbol que el viento no haya sacudido”. Es cierto.

Y aunque puede que ahora le hayamos cogido miedo al viento… Debemos  confiar en que nos hará más fuertes. Porque, como también dijo con mucho acierto Bear Grylls (experto en supervivencia, escritor, presentador y ex militar británico), “ser valiente no es la ausencia del miedo, sino encontrar un camino a través de él”. Y en eso estamos.

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